COVID: LA EXCUSA PERFECTA PARA AVANZAR SOBRE LA REPÚBLICA


Por POR: DIP. ÁLVARO MARTÍNEZ publicado 2020-09-04



Meses atrás nadie podía imaginar que el mundo estaría inmerso en una pandemia, lo cual hizo que todos tuviéramos que plantearnos cómo afrontar esta “nueva realidad”. En muchos Estados se impuso una falsa dualidad sobre qué tema es más importante si la salud o la economía, en especial en aquellos Estados que atraviesan grandes crisis económicas o cuyos gobernantes son fanáticos empedernidos de los Estados autoritarios y la postergación de derechos.
El caso de Argentina es, si se quiere, uno de los ejemplos en donde “enamorarse de una cuarentena estricta”, sin ningún otro plan, ni sanitario ni económico está trayendo grandes problemáticas, no sólo en la salud y la economía sino también a las instituciones democráticas.
Argentina lleva más de 140 días de cuarentena, esto quiere decir que el país está funcionando a media máquina (en el mejor de los casos) hace ya 20 semanas. En el transcurso de ese tiempo se han sufrido distintos atropellos a las instituciones democráticas como son el no funcionamiento del Congreso Nacional, de la Justicia y la proliferación de un centralismos basados en el miedo, los aprietes y las más vulgares prácticas políticas típicas de los gobiernos totalitarios como pueden ser los de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel (sucesor directo de Fidel y Alejandro Castro) y Alberto Fernández.
En concordancia con lo expuesto, observamos que a menudo los dictadores y pseudodictadores latinoamericanos son amantes de la acumulación de poder en mano propia, lo que nos lleva al segundo punto que se pretende abordar y ejemplificar, nuevamente, con la triste realidad argentina: la dependencia de las provincias o Estados Federales del Gobierno Nacional o Gobierno Central.
Independientemente del tópico en cuestión, es habitual que se asocie de manera errónea y casi unívoca a la República Argentina con Buenos Aires, invisibilizando al resto de las provincias argentinas. Esa falsa asociación que comúnmente se observa no resulta extraña, pues los argentinos vivimos -en efecto- en un país macrocefálico y raquítico a la vez. No por nada, quienes vivimos en la Provincia de Mendoza, solemos decir en tono de resignación “Dios está en todos lados pero atiende en Buenos Aires”.
Sólo por citar algunos datos que ilustran este punto, podemos mencionar el enorme desbalance que existe a nivel poblacional entre la Provincia de Buenos Aires y la media nacional. Aproximadamente, el 39% de la población reside en la Provincia de Buenos Aires, esto es, 17.500.000 de las 45.000.000 de personas que habitan la Argentina.
Con estos datos, y habiendo hecho alusión sólo a cifras poblacionales, es de esperar que la Argentina resulte lastimosamente un excelente ejemplo de falta de desarrollo regional y centralismo estatal, realidad que bien se repite (de forma análoga) en varios Estados Latinoamericanos.
La experiencia Argentina ha demostrado que la enorme cantidad de recursos económicos de los que el Estado Nacional dispone, produce un daño inmenso al federalismo que nuestro país predica a viva voz en su Constitución Nacional, pero rara vez cumple. Más aún, el decisivo peso electoral que poseen las grandes provincias o Estados Federales ha llevado a que los gobiernos populistas hayan dispuesto de forma arbitraria y discrecional los recursos del Estado Nacional, en nuestro caso, favoreciendo históricamente a la provincia rioplatense y a aquellas que son obedientes y cómplices del gobierno de turno.
Los últimos meses, la pandemia que azota al mundo debida al virus COVID-19, ha impulsado a los Estados a imponer cuarentenas más y menos estrictas, y a ampliar sus bases monetarias. Esto último, para financiar los gastos extraordinarios en los que se ha incurrido con el fin de paliar los efectos económicos asociados a las cuarentenas, entiéndase, recesión económica y aumento de la tasa de desempleo.
En la Argentina, por ejemplo, se dispusieron alrededor de $510 millones de dólares, para ser inyectados en los diferentes Estados Provinciales. Naturalmente, se esperaría un criterio de reparto primordialmente poblacional pero, en su lugar, existen inmensas inequidades que favorecen a las provincias con gobiernos de color oficialista. Peor aún, la transferencia de los fondos en el caso de la Provincia de Mendoza, ha sido usada como un elemento de negociación para forzar a la Provincia a ceder en muchos puntos relacionados con lo que será una de las obras de infraestructura más importantes de la historia argentina y una de las más grandes de Latinoamérica conocida como Presa y Central Hidroeléctrica Portezuelo del Viento.
Como se puede apreciar, y lo marcábamos al comienzo, enamorarse de la cuarentena bajo la falsa dicotomía de salud o economía, sólo le es funcional a los gobernantes adictos al poder, siempre inescrupulosos a la hora de coartar derechos individuales y confesos enemigos de la propiedad y las empresas privadas, las únicas generadoras de trabajo y riqueza real. Sería un error pensar que lo relatado sólo ocurre en la Argentina, pues es una realidad que se repite en muchos países latinos.
Lo que debemos preguntarnos es qué va a pasar después de que la pandemia ceda, qué va a pasar con la cantidad de puestos de trabajos perdidos, de economías devastadas y de gobiernos autoritarios que, abusando del miedo y la mentira, fueron cercenando lenta pero ininterrumpidamente nuestros derechos tanto individuales como colectivos. Los gobiernos que se enamoran de la cuarentena, ¿piensan en una salida o espera que dure para siempre?

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Últimos artículos



EDITORIAL | TOMO 10

PorALEXANDRA DANIELA CID GONZÁLEZ publicado 2020-09-04 En

Recordar el mundo hasta antes de marzo de este año resulta extraño. De entonces a la fecha, las dudas remplazaron a las certezas y la creatividad se convirtió en una habilidad de supervivencia. La forma de relacionarnos con los demás, incluida nuestra propia familia cambió, nos adaptamos a demostrar afecto a través de la distancia, a trabajar en horarios y espacios compartidos, a encontrar nuevas formas de llevar sustento a casa.
 
México ha demostrado ser una sociedad resiliente. En medio de una de las épocas más dificiles en los últimos tiempos, que ha dejado a más de cincuenta mil familias de luto tan solo en los últimos meses, en una crisis que no solo es en materia de salud, sino económica y de seguridad, es posible ver ejemplos de personas trabajando por adaptarse al cambio y ayudar, en lo posible, a los demás.
 
Sin embargo, toda realidad tiene contrastes. Si bien el personal de salud, literalmente, está entregando la vida para luchar contra el virus que ha provocado la contingencia sanitaria, el sistema de salud tiene carencias no solo propias de vivir en una era de pandemia, sino que presenta carestías derivadas de políticas públicas sustentadas en un falso concepto de austeridad.  Silvano Vitar explica las premisas sobre las que se fundamentan las políticas de austeridad y por qué y cómo estas al final, matan.
 
Dante Carrerón por su parte analiza las consecuencias que ha traido la extinción del seguro popular y la creación del INSABI y cómo esto ha influido en la difícil situación del sistema de salud en México.
 
En el mismo sentido, Pablo López de la Fundación Nariz Roja narra las decisiones que se tomaron para que al día de hoy, niños y niñas con cáncer sigan sufriendo de la falta de medicamentos en el país. Cuenta también acerca del esfuerzo que están haciendo desde esta Asociación Civil para recaudar fondos y apoyar a los padres y madres de familia en su lucha por el abasto de medicinas para sus hijos e hijas.
 
Por su parte Cristina Guzmán nos aproxima a comprender la realidad que viven las niñas y los niños con hipoacusia, una condición en muchos sentidos invisible. Lo cual, lo hace desde una perspectiva personal al narrar el camino que ha vivido con su hija, y ahora con familias como la suya, que trabajan unidas para lograr mejores condiciones de vida y oportunidades para sus hijos.
 
Martha Navarro reflexiona sobre los cambios en nuestros tiempos y se centra especialmente en el impacto que estos han tenido en la infancia en México. Le habla a padres y madres, a maestras y maestros,  invintándoles a asumir una perspectiva de colaboración, orientada a la comprensión del otro, el cuidado y la búsqueda del bienestar común partiendo del autoconocimiento y la autoestima.
 
En otro orden de ideas, Alejandro Velázquez rememora cómo ha sido el camino hacia la ciudadanización de los organismos electorales, así como la importancia que tiene el defender su autonomía y por lo tanto, nuestra democracia.
 
Miguel Peñaflor por su parte analiza las redes sociales como medios de información alternativos y el papel que han tenido en el debilitamiento del monopolio de la información, en la transparencia y en las nuevas interacciones sociales.
 
En la sección Otras Latitudes, el Diputado argentino Álvaro Martínez identifica cómo en el transcurso de este tiempo, las instituciones democráticas en su país han sufrido distintos atropellos, producto de un enamoramiento de la cuarentena bajo la falsa dicotomía de salud o economía, la cual, nos dice, solo le es funcional a los gobernantes adictos al poder. Escenario que es posible identificar no solo en la Argentina.
 
Finalmente Camilo Arenas de Colombia, presenta un análisis de la forma en la cual están trabajando los Parlamentos Hispanoamericanos en tiempos de Covid, momento histórico que plantea nuevos desafíos en el uso de las tecnologías en las democracias modernas.
 
En este décimo tomo de Humanismo y Sociedad, buscamos presentar ejemplos sobre la aportación que se está haciendo desde la sociedad civil organizada a los grandes temas en el México de hoy, así como los cambios y embates que las instituciones democráticas están sufriendo en estos tiempos en América Latina.
 
Esperamos que todas estas reflexiones contribuyan a la tan necesaria discusión pública y permitan revalorar la aportación de la ciudadanía, así como identificar aquellos conceptos, políticas públicas, posturas y toma de decisiones que ponen en peligro las instituciones de nuestra vida democrática, para poder encontrar puntos de encuentro, hoy más necesarios que nunca.


MENSAJE DEL PRESIDENTE | TOMO 10

PorJUAN FRANCISCO AGUILAR publicado 2020-09-04 En

Al momento de escribir este mensaje, hay más de 55,000 muertes por Covid en México. Día con día se actualizan los datos oficiales en la conferencia del Subsecretario López Gatell, los Secretarios de Salud de los Estados rinden su propio informe y Google tiene un contador que actualiza la información de manera permanente. Invariablemente, los datos son diferentes.
 
Desde los gobiernos de los Estados se ha manifestado que las cifras presentadas no corresponden con las que ellos reportan, identificándose un desfase de hasta tres semanas y un sub registro de casos y fallecimientos en todo el territorio nacional.
 
La cantidad de contagios, de personas hospitalizadas -por lo tanto de camas disponibles- y de muertes se han convertido en un recuento automatizado, presente en el discurso diario de gobierno y en el de los medios de comunicación.
 
El 10 de agosto, cuando había 53,003 mexicanos muertos, el Presidente en su conferencia criticó el conteo de personas fallecidas que hacen los medios de comunicación, en el que se señala el lugar mundial que llevamos en el número de decesos, en el que se ubica a nuestro país en este tema, para al final, decir que esto es muy lamentable (el conteo, no las muertes) y explica lo que a su parecer es la razón de las críticas: “no les gusta el cambio”.
 
Esta frase resume la postura que el gobierno ha tomado al momento de asumir responsabilidades por el fracaso en la estrategia de salud frente al Covid, frente al desabasto de medicamentos para niños y niñas con cáncer, frente a los años más violentos en la historia del país, en suma, frente a todo.
 
Esa postura indolente, que no asume responsabilidades, que no muestra capacidad de escucha y de toma de decisiones para cambiar el rumbo frente al fracaso, se ha convertido en un signo característico de este gobierno.
 
Esta incapacidad para corregir es una negligencia que día a día cobra vidas.  Lo que manifiestan al minimizar el conteo en el número de personas contagiadas y fallecidas, es que ven números, no nombres. Se les olvida que cada uno de los números que tanto les molesta que se sigan incrementando es un mexicano o mexicana, que son miles de familias en duelo.
 
Desde aquí envío mis condolencias a las familias de todos y todas aquellas personas que ya no están por esta terrible tragedia que estamos viviendo. Sirva también como modesto homenaje a las y los panistas a quienes extrañaremos. A las mujeres y hombres del país que se han ido en un corto tiempo por esta enfermedad. Recordamos sus nombres, son irremplazables.

#50milFamiliasdeLuto
 
#LutoNacional