CON LA SOCIEDAD CIVIL ¡SIEMPRE!
Por Comunicación Social publicado 2019-04-15
POR GUILLERMO FLORES MANRÍQUEZ
El pasado 13 de febrero el Presidente de la República lanzó el que puede considerarse su agravio más delicado, pues en sus dichos se refirió a quienes han sentado las bases de la participación ciudadana en nuestro país: la sociedad civil organizada.
El pasado 13 de febrero el Presidente de la República lanzó el que puede considerarse su agravio más delicado, pues en sus dichos se refirió a quienes han sentado las bases de la participación ciudadana en nuestro país: la sociedad civil organizada.
En sus palabras señaló que “No sé quién agarró eso de la sociedad civil, (que) se apropió la derecha, el conservadurismo. Es muy raro encontrar que haya un agrupamiento de la sociedad civil progresista, y hay gente bien intencionada, pero por lo general, todas las empresas promueven organismos de la llamada sociedad civil independientes que lo son, pero del pueblo, no de los intereses creados”. Con esta postura, el presidente atenta contra varios conceptos.
Va contra la pluralidad de ideas, de valores y creencias, en su afán de dividir a la sociedad en izquierda y derecha, agrupa a la sociedad civil en una sola ideología o postura arrinconando a quienes incluso se identifican con las ideas políticas del presidente, sus votantes y sus aliados; al decir que la sociedad civil es de derecha, ubica en una inexistencia a toda aquella que ha levantado el puño izquierdo en pro de sus derechos, causas y banderas.
Menosprecia la lucha en general, que durante décadas la sociedad civil organizada, de derecha, de izquierda o de centro, emprendió para conquistar espacios y construir instituciones.
Atenta contra la democracia, ya que discrimina a los ciudadanos que no encuentran en los partidos políticos un espacio de participación, pero que no son indiferentes a los problemas de sus comunidades y se agrupan en torno a un tema, una adversidad o una causa que se vuelve estandarte.
Al hablar de organizaciones de la sociedad civil, hablamos de ciudadanos que desean colaborar con su país desde una trinchera que les permita expresarse y generosamente dedicar esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de sus semejantes, mejorar sus comunidades.
Las desafortunadas declaraciones del jefe del Ejecutivo se suman a la lucha que durante mucho tiempo la sociedad civil ha enfrentado. Basta recordar en los antecedentes del México contemporáneo que, si bien muchas de las organizaciones de la sociedad civil emanaron y se fortalecieron de la promoción por parte del pensamiento y la acción católica o de grupos empresariales; perversas según el maniqueísmo obradorista; son también la revolución cubana y el comunismo fuentes de inspiración de la participación social desde otros espectros políticos.
Hablamos de movimientos de estudiantes, de obreros, de campesinos, de maestros y médicos, movimientos de grupos culturales, sin fines lucrativos y políticos, movimientos que nacen de manera voluntaria en respuesta organizada a necesidades y demandas populares. Todos ellos se incluyen en las declaraciones en contra de la sociedad civil. Por ello la postura de quien encabeza el gobierno que se autodenomina de la “transformación” debe ser de unidad y promoción, no de descalificación. Una sociedad más participativa garantiza un avance que fortalece a la democracia. El presidente en lugar de descalificar y buscar conflicto con la sociedad civil debería aprovechar su bono popular para inspirar a más ciudadanos a trabajar y seguir colaborando en la construcción de instituciones sólidas y fuertes, desde la noble trinchera de las organizaciones de la sociedad civil; ser aliados no rivales.
Pero tal parece que al “nuevo régimen” esta idea no le interesa, en su brújula no está fortalecer mediante recursos y mecanismos de participación a la sociedad civil organizada. Tal parece que su norte está en desmantelar además de instituciones y el trabajo de gobiernos anteriores, miles de esfuerzos ciudadanos que surgieron para atender las carencias que ni las autoridades, ni los partidos políticos han logrado resolver. Como dijo la titular de Función Pública, para la “transformación” el Presidente es el Estado.
Estos acontecimientos abren una ventana de oportunidad para quienes formamos parte de la oposición de este gobierno. En defensa de las organizaciones de la sociedad civil surgió la contención empresarial quien, en voz de Gustavo de Hoyos, Presidente Nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana, recordó que la batalla en contra de la sociedad civil organizada viene desde la campaña del entonces candidato López Obrador, cuando cuestionó la participación de las organizaciones. Al confrontar este conflicto el empresario retomó la respuesta que entonces se expuso en campaña ante tales descalificaciones, publicando los 10 cambios que en principio fueron propuestas, después exigencias y que al final se convirtieron en Instituciones. Entre ellos destacan: la creación del Instituto Federal Electoral, la autonomía de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Banco de México, la reforma política de la Ciudad de México, la evaluación educativa y el servicio profesional docente, la evaluación independiente de la política social y la creación del CONEVAL, la creación del INAI y la agenda de transparencia y rendición de cuentas, la reforma en Derechos Humanos la Ley 3 de 3 y la creación del Sistema Nacional Anticorrupción, el amparo que condujo a la obligación de legislar en materia de publicidad gubernamental y la iniciativa para contar con una Fiscalía verdaderamente independiente.
En todos y cada uno de los cambios mencionados, hay un común denominador, el acompañamiento de Acción Nacional. En esa ventana de oportunidad que nace de la sociedad civil, debe surgir no sólo el recuerdo de las batallas que en conjunto hemos enfrentado, sino la fortaleza de nuestros triunfos culturales, morales y políticos. Alejarnos de nuestros orígenes y de aquello que nos hizo crecer es el motivo por la cual el hartazgo rebasó a la razón y el tropiezo nos alcanzó.
A pesar de la debacle, en el ADN de nuestro instituto político corre la sangre de la sociedad civil organizada, de ella emanaron los mejores candidatos, líderes opositores y gobernantes, aquellos que le dieron un giro a la forma de ejecutar los asuntos públicos. Ellos presentaron los modelos de Gobernanza Humanista hoy impulsados por la Asociación Nacional de Alcaldes, los mismos que conquistaron las capitales y ciudades más importantes, ganando de la periferia hacia el centro.
Ahí está una de las respuestas a nuestros foros de análisis a lo ocurrido en julio de 2018, voltear a ver a la sociedad civil organizada, no para vanagloriarnos que sin nosotros su lucha es estéril, sino reconocernos como parte de esta, reconocer nuestros errores, nuestro distanciamiento y ofrecer lo que realmente somos, ser un instrumento de su causa.
En el sistema de partidos políticos que hay en nuestro país, la manera más efectiva de acceder al poder es mediante un instituto político como el nuestro. Acción Nacional más allá de definirse por antonomasia oposición, debe serla. Debe abrirse a las ideas de quienes día a día sufren los embates de este gobierno; ciudadanos rechazados por pensar diferente; debe oponerse a ese sistema populista que aparenta ser aliado del pueblo, cuando en realidad sólo busca su usufructo.
Debe tender la mano a las organizaciones de la sociedad civil, escuchar, acompañar y levantar con ellas las banderas, no para un propósito meramente electoral, sino para reconocerse, distinguirse y sobre todo servir a México.
Por ello, el llamado a todos los panistas, dirigentes y militantes de todos los niveles debe ser: con la sociedad civil ¡siempre!
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